Città del Vaticano 7 ottobre 2026
Queridas Damas y queridos Caballeros:
La festividad de la Bienaventurada Virgen María del Santísimo Rosario de Pompeya, Patrona de nuestra Orden y de la Real Casa de Borbón de las Dos Sicilias, nos invita una vez más a confiarle no solo nuestras preocupaciones y dificultades cotidianas, sino también las esperanzas y los sufrimientos del mundo. Este año lo hacemos con una intención particular por la paz.
Son demasiadas las tierras heridas por la guerra, las familias que lloran y las vidas inocentes que se ven arrasadas por la violencia. Invocar a María como Reina de la Paz no es solamente una expresión de nuestra devoción, sino que debe convertirse en una oración insistente y en un compromiso concreto.
El papa León XIV, al presidir la oración del Rosario por la paz, destacó: «La guerra divide, la esperanza une. La prepotencia pisotea, el amor levanta». Asimismo, recordó que la oración no nos exime de nuestras responsabilidades, sino que nos educa para actuar.
Este es también el sentido del Rosario. Misterio tras misterio, María nos conduce a Cristo y nos enseña a mirar el mundo con su mirada, a dejar de lado todo resentimiento y a convertirnos, allí donde vivimos, en hombres y mujeres de reconciliación.
Para nosotros, los Constantinianos, esta invocación adquiere un significado aún más preciso. La Cruz que nos distingue y la Virgen que veneramos nos recuerdan que nuestra pertenencia a la Orden debe manifestarse en la fidelidad a la Iglesia, en la caridad activa y en el servicio generoso a nuestros hermanos.
Encomendemos, pues, a Nuestra Señora del Rosario de Pompeya al Santo Padre León XIV, a la Iglesia, a nuestra Orden y a la Real Casa de Borbón de las Dos Sicilias. Encomendémosle, sobre todo, a los pueblos afligidos por la guerra y a cuantos esperan que, por fin, prevalezcan en todas partes las razones de la paz.
Que María, Reina del Santísimo Rosario y Reina de la Paz, interceda por nosotros y nos haga auténticos servidores de la concordia y de la fraternidad.
Con estos sentimientos, les aseguro mi recuerdo en la oración y bendigo de todo corazón a todos ustedes y a sus familias.
Marcello Cardinal Semeraro
Gran Prior
