Sagrada Orden Militar Constantiniana de San Jorge

Orden Oficial

Mensaje de S.E. el Gran Prior con ocasión de la festividad de San Jorge

Queridísimos Caballeros y Damas,

Con ocasión de la fiesta de San Jorge, glorioso mártir y patrono celestial de nuestra amada Orden, deseo hacer llegar a cada uno de ustedes mi cordial saludo, unido a un sentimiento de comunión fraterna, con el deseo de un renovado compromiso en la vida cristiana.

La figura de San Jorge, tan querida en nuestra tradición, no pertenece solo a la memoria del pasado, sino que continúa interpelando el presente. Su testimonio, marcado por una fe clara y una fidelidad firme a Cristo hasta el martirio, nos recuerda la verdad de nuestra vocación. También hoy, en efecto, nos encontramos ante pruebas no menos exigentes: las tensiones entre los pueblos, las guerras sangrientas en numerosas regiones del mundo, la difusión de una cultura marcada por la contraposición, la violencia y el desprecio por la dignidad de la vida humana.

En este contexto, estamos llamados a comprender más profundamente el sentido de nuestra pertenencia a la Orden. La nuestra es una milicia que no se expresa en las armas, sino en el seguimiento del Evangelio; una milicia que encuentra en la oración su fuerza y en la caridad su forma concreta. Es allí donde el cristiano libra la buena batalla: en el silencio orante y en el servicio generoso.

La paz, que tanto deseamos e invocamos, no puede ser impuesta desde el exterior, sino que nace de corazones reconciliados y renovados. Con palabras sencillas y al mismo tiempo exigentes, el Papa León XIV, en su primer saludo, recordó a la Iglesia y al mundo: «¡La paz sea con todos vosotros!». Es un deseo que se convierte cada vez más en responsabilidad. Recibirlo significa dejarse educar en una paz que se construye ante todo en la oración, “de rodillas”, y que se hace visible en las obras, en manos que se abren al encuentro y al compartir. Una paz —como él mismo ha recordado— «desarmada y desarmante», capaz de tocar los corazones y transformar las relaciones.

En este horizonte se sitúa también nuestra historia, que hunde sus raíces en los mismos inicios de la era cristiana. No se trata de una herencia que deba custodiarse solo exteriormente, sino de una tradición viva que pide ser constantemente encarnada en las decisiones y en las actitudes cotidianas. Las virtudes que caracterizan nuestro camino —la fe, la justicia y la caridad— encuentran hoy un campo fecundo de ejercicio precisamente en la entrega a los más débiles y en la promoción de la dignidad de cada persona.

En este día, dirijo un respetuoso y sincero saludo a nuestro Gran Maestro, S. A. R. el Príncipe Carlos de Borbón de las Dos Sicilias, para que continúe guiando la Orden con sabiduría y espíritu de servicio, sosteniendo en todos nosotros el deseo de un testimonio cada vez más auténtico.

A cada uno de ustedes les renuevo la invitación a vivir con conciencia y responsabilidad su pertenencia: no como un estatus social, sino como un compromiso concreto. Nuestro tiempo espera creyentes capaces de hacer el bien con discreción, de cuidar a quienes sufren y de construir lazos de fraternidad. Es en este camino donde nuestra presencia se vuelve creíble.

Confiamos nuestra oración y nuestros votos a la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de los Ángeles y de los Santos, y de San Jorge.

Con afecto y bendición, Marcello Cardenal Semeraro
Gran Prior

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