Queridísimos Caballeros y Damas,
En la proximidad de la Santa Pascua, corazón palpitante de nuestra fe, deseo dirigiros un pensamiento de comunión, de oración y de renovada esperanza en el Señor Resucitado.
La luz de la Resurrección, que rasga las tinieblas del sepulcro, ilumine nuestros corazones y renueve en cada uno de nosotros la conciencia de la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la paz sobre la violencia. Como recordó el Papa León XIV: «La paz nace en el corazón reconciliado y se difunde como un don activo en la historia de los hombres». Y también: «No hay noche tan oscura que la luz de Cristo Resucitado no pueda iluminar».
En este tiempo marcado por profundos sufrimientos, no podemos dejar de dirigir nuestra mirada a las tragedias que afectan a tantos pueblos en diversas partes del mundo, de manera particular en estos días santos en Oriente Medio y en la martirizada Tierra de Jesús, donde el misterio de nuestra redención se cumplió. Las heridas de los conflictos, el dolor de los inocentes, el clamor de quienes son privados de dignidad y esperanza interpelan nuestra conciencia cristiana y nuestro compromiso concreto.
En este contexto, deseo expresar, también en vuestro nombre, sentimientos de sincera gratitud a la familia y al Gran Maestro de nuestra amada Orden, Su Alteza Real el Príncipe Carlos de Borbón de las Dos Sicilias, Duque de Castro, por la guía firme y generosa con la que continúa promoviendo los valores de la fe, la caridad y el servicio.
Queridísimos, la Pascua nos llama a todos a ser testigos creíbles del Resucitado en la vida cotidiana. Que nuestra pertenencia a la Orden Constantiniana no sea solo un signo distintivo, sino que se traduzca cada vez más en un testimonio concreto de vida cristiana, en la fidelidad al Evangelio y en la dedicación a las obras de caridad, especialmente hacia los más débiles y necesitados.
Con estos sentimientos, os deseo a vosotros y a vuestras queridas familias vivir una Santa Pascua colmada de gracia, con la certeza de que, incluso en las pruebas del tiempo presente, el Señor continúa obrando maravillas y suscitando brotes de bien.
¡Cristo ha resucitado, aleluya! ¡Verdaderamente ha resucitado, aleluya! Esta es nuestra esperanza, esta es nuestra misión.
De corazón os bendigo
Marcello Card. Semeraro
Gran Prior

